
Llega un momento, en el que te acostumbras con la idea de tener siempre un problema en tu vida. En cierto punto no está tan mal, porque teniendo algo que haga que lo perfecto deje de serlo, empezas a valorar y disfrutar mucho más de los momentos de cada día que, quizás, si todo es perfecto, no le damos la importancia que merece.
El problema está cuando no te podes sacar de la cabeza ese problema y lo único que haces es pensar en él. Ahí, es cuando dejas de valorar los momentos de cada día gracias al mal humor, histeria o repentinos cambios de humor generados por ese problema en tu cabeza.
Pensándolo así, no me desagrada la idea de que seas mi problema y que sea imposible sacarte de mi cabeza. Sé que en algún momento vas a dejar de ser mi problema, pasando a ser la solución o simplemente parte de mi pasado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario